Son pocos los equipos que dan muestra de carácter en los momentos necesarios y Palermo Soja es uno de ellos. Cuando la adversidad parece apoderarse de las situaciones siempre saca ese plus que lo hace triunfador.
La final arranco como tal, con un Palermo intentando hacer pie tras la gran cantidad de cambios que se debieron hacer para poder disputar la final, y con un Pulpidos que, gracias al gran estado físico de sus jugadores, intentaba manejar el partido aprovechando la velocidad en las contras.
Así, el partido se hacía de ida y vuelta, aunque los arqueros eran meros espectadores de un juego que no llevaba peligro a los arcos. Hasta que Emiliano Erba trato de romper esa monotonía y metió un gran remate que encontró mejor parado al arquero rival.
Pulpito no quiso ser menos, y a la salida de un córner el cabezazo de uno de sus macizos defensores reventó el palo derecho del arco defendido por el gran Victor Ayala.
Pero tras esa jugada se produjo un hecho crucial en el partido. Sebastian, refuerzo traído por Facu Venturelli, sufrió un desgarro al tratar de cortar una contra rival y tuvo que salir de la cancha. En su lugar ingreso Fer Siena, normalmente lateral titular del equipo, que estaba al 50 % de su rendimiento físico por un problema en el pie.
Con esa desventaja Pulpitos se adueño de la pelota e intento romper el cero lo antes posible para darle tranquilidad durante lo que restaba del partido, pero los remates fueron demasiados imprecisos como para molestar a Ayala. El cero se adueñaba del tanteador en esa primera mitad que se iba sin pena ni gloria.

En los últimos 25 minutos del torneo algún equipo debía romper las tablas para poder consagrarse campeón eludiendo los penales, que finalmente serian los protagonistas de la noche. Por eso Pulpitos continúo adelantándose en el campo, dejando a Palermo la oportunidad de liquidarlo de contra. Sin embargo el trámite se hacía demasiado trabado con errores, imprecisiones y algunas tarjetas amarillas. Hasta que la desgracia volvió a golpearle la puerta a los de rosa y negro. Tras una discusión en la mitad de la cancha Emiliano Moralez salió con todo a cortar una jugada, pero se le fue la pierna. Era jugada de amarilla, sin embargo el árbitro considero que era para expulsión. Palermo se quedaba con uno menos cuando faltaba más de la mitad de la segunda mitad. Pero la cosa no terminaba ahí, ya que una amarilla para Mati Agoglia dejaba al equipo con dos menos por dos minutos. Si a eso le sumamos la lesión de Siena, el panorama se volvía desolador.
Pero ahí es donde apareció el carácter y la garra de este equipo. Primero para aguantar los dos minutos en gran desventaja, y después para cerrarle todas las puertas del gol al conjunto naranja.
Parecía que Pulpitos lo ganaba en la única jugada peligrosa que pudo generar con la ventaja, sin embargo Victor Ayala, la gran figura de la noche, pudo conseguir con la punta del pie, ahogar el grito de los rivales.
Sobre el final Palermo también tuvo las suyas, tal vez por el cansancio y el desgaste rival, sumado a la resignación de no poder ganar el partido con tanta ventaja. Facu Venturelli no la pudo empujar en el segundo palo, en lo que era la victoria de Soja. Nos íbamos a los penales.
El nerviosismo se apoderaba de todos, eran cinco disparos por lado que definían el destino de la copa. Diez remates que decidían quien se quedaban con la gloria y quien en el segundo escalón de podio. Arranco Pulpitos que convirtió el primero, pero Emiliano Erba convirtiendo el suyo pondría en tablas nuevamente el marcador. Pulpitos necesitaba pasar al frente de nuevo, y lo consiguió con suspenso, ya que Victor Ayala, el gran arquero sojero, toco la pelota pero se le metió en el rebote. La suerte parecía esquiva. El segundo de Palermo fue para Mati Agoglia, que se saco la espina de la semifinal pasada y convirtió.
Los de naranja buscaban continuar en ventaja pero apareció el Oscar Córdoba de Palermo. El remate fue al palo izquierdo de un Ayala que voló y saco la pelota hacia un costado. La paridad podría romperse por primera vez en la serie. Y se conseguiría a través de Emmanuel Lucero, quien con un fuerte remate pondría a Palermo arriba.
Solo faltaban dos penales por lado, Pulpitos convirtió el cuarto poniendo nuevamente el empate pero Facundo Venturelli rompería la monotonía de nuevo para dejar arriba a Soja. Si atajaba Victor se terminaba, pero un remate fuerte no le permitió repetir la hazaña.
La gloria quedaba concentrada en la pierna derecha de Agustin Lopez Menéndez, de gran partido como marcador central. Su remate potente al palo derecho del arquero fue inatajable. Gritos, alegría y festejo le siguieron al ruido de la pelota impactando en la red. Palermo Soja lo había conseguido. Había luchado contra las adversidades que le habían puesto piedras en el camino y, con Ayala como estandarte, una solida defensa y el amor propio de todo un plantel que vivió momentos complicados, el titulo se había conseguido.
Salud Bicampeón
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