Vergüenza, ese sentimiento que el ser humano está acostumbrado a vivir en
estos días en los cuales nos toca transitar el planeta tierra. A veces por un
hecho del que nosotros somos culpables, en otras por cosas que nos tocan ver o
vivir.
Vergüenza me dio estar presente en un partido en el cual Palermo fue muy
superior a su rival en todo momento. Pero, aunque muchos digan que los partidos
se ganan adentro de la cancha esta vez no fue así. La parcialidad del árbitro
hizo que el resultado termine a la inversa de lo que se vio en la cancha, con
cuatro jugadores expulsados y con el alejamiento de un equipo que estaba para
campeón, de un torneo que se ve manchado siempre por este tipo de actitudes.
Vergüenza también da ver que el encargado de arbitrar un partido tan parejo
y luchado como resulto el de Soja y Visan este parado en la mitad de la cancha,
sin moverse, sacando tarjeta según el color de la camiseta y cobrando faltas
inexistentes para favorecer a un equipo. Con varios kilos de mas y sin
presencia para llevar las situaciones, sin fundamentos para arbitrar y sobre
todo con la soberbia de sentirse más que los verdaderos protagonistas, los
jugadores.
Vergüenza da que la persona encargada de organizar un torneo, que por lo
general no tiene muchas grietas, se comporte de una manera tan soberbia, tan
arrogante, tan pedante. Es cierto, que se puede esperar de un burro más que una
patada, pero a veces uno piensa que la experiencia en esto te deja algo. Sin
embargo el ni siquiera escuchar a los participantes de un torneo demuestra que
en tantos años no se aprendió nada no reconociendo errores y menos
prestándose al dialogo con los protagonistas, que en definitiva son los
clientes.
Vergüenza es robar y fue lo que se vivió en Muni, un verdadero robo porque
en cinco minutos el equipo quedo con tres jugadores menos dándole la
posibilidad al rival de empatar un partido que estaba terminado.
Pero lo que si no tiene nada de vergüenza es la actitud de un equipo que
desde el principio estuvo para campeón, que lucho contra las adversidades, que
llego a empatar el partido con tres jugadores menos, y que termino yéndose a
casa con mucha bronca y con la frente bien alta, porque esa noche, los que
dieron vergüenza fueron los demás.
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